Él la miró apuntándola,
pero fue ella quien lo miró y lo desarmó.
Se volvió tan fría que incluso ella misma tiritaba.
Le dijo 'piérdete' y él solo tuvo que mirarla a los ojos.
Él tan error,
y ella con tantas ganas de equivocarse.
La trató como a un juguete,
y al final fue ella quien le enseñó a jugar.
Dejó de buscar porque prefería que la encontrasen.
No necesitaba verla para saber que nunca le olvidaría.
Lo veía planeando su destrucción,
pero no podía romper algo que ya estaba roto.
Se bebió un vaso por cada lágrima, y estuvo a uno de volver a llamarla.
Bebía para olvidar,
pero lo recordaba hasta en el último trago.
Y terminaron siendo desconocidos,
pero se conocían muy bien.
Lo odió en persona,
para amarlo sobre un papel.
Años de dolor le costó comprender el amor.
Siglos de soledad le esperaban hasta la próxima lección.
Cruzaba la calle sin miedo porque andaba buscando a la muerte, pero al parecer ella no la quería ni ver.