jueves, 1 de mayo de 2014

Quién hubiera creído que se hallaba 
sola en el aire, 

oculta, 
tu mirada.

 
Quién hubiera creído esa terrible 
ocasión de nacer puesta al alcance 
de mi suerte y mis ojos, 
y que tú y yo iríamos, 

despojados de todo bien, 
de todo mal, de todo.

A aherrojarnos en el mismo silencio, 
a inclinarnos sobre la misma fuente 
para vernos y vernos. 


Quién eras tú detrás de esa cortina, 
quién era yo detrás de mí.

 
Y todavía no hemos visto nada. 


Espero que alguien venga, inexorable, 
siempre temo y espero, 
y acabe por nombrarnos en un signo, 
por situarnos en alguna estación 
por dejarnos allí, 

como dos gritos de asombro.
 
Pero nunca será. 


Tú no eres ésa, 
yo no soy ése, 

ésos, 
los que fuimos, 
antes de ser nosotros.

 
Eras sí pero ahora 
suenas un poco a mí.

 
Era sí pero ahora 
vengo un poco a ti.

 
No demasiado, solamente un toque, 
acaso un leve rasgo familiar, 
pero que fuerce a todos a abarcarnos 
a ti y a mí cuando nos piensen solos.